Reflexiones metafísicas
Meditar no es dejar de pensar: es despertar la conciencia
Entiende por qué meditar no se trata de dejar de pensar, cómo observar la mente y encontrar el silencio que despierta la conciencia.
Por Prof. Tibério Z
Video original en portugués. El artículo está disponible en español.
La meditación no se trata de dejar de pensar o entrar en un estado de ausencia. La verdadera meditación es un estado de máxima conciencia, en el que prestamos atención a nuestra respiración, cuerpo, sentimientos y pensamientos sin confundirnos con lo que observamos.
En este artículo entenderemos por qué siguen apareciendo pensamientos durante la meditación, cómo debemos observarlos y cómo la respiración ayuda a guiar la mente hacia el silencio. También veremos por qué no somos los pensamientos que produce el cerebro.
Continúa leyendo para aprender un sencillo ejercicio de meditación y comprender qué sucede cuando dejamos de luchar contra la mente. Esta práctica nos ayuda a reconocer los pensamientos, dejarlos pasar y descubrir la conciencia detrás de ellos.
La meditación es un estado de máxima conciencia
Generalmente pensamos en la meditación como un estado en el que una persona no hace nada. Sin embargo, la actividad cerebral observada en monjes con muchos años de práctica es más intensa durante la meditación que en un estado de vigilia normal. Esto sucede porque meditar no significa borrar la conciencia, sino expandirla.
Durante la meditación, prestamos atención a nuestros pensamientos, cuerpo físico y sentimientos. Notamos el aire que entra, los pulmones se llenan, las sensaciones que aparecen y los movimientos de la mente. Nada de esto requiere que estemos inconscientes. Al contrario, requiere que estemos completamente presentes.
No hay estado de mayor conciencia que la verdadera meditación. Por tanto, cualquier cosa que interfiera con la conciencia o altere este estado no forma parte de la práctica meditativa. La meditación es observar con claridad lo que sucede en nuestro interior.
La meditación es un acto de liberación
La meditación es un acto solitario. Estamos sólo con nuestro cuerpo, nuestra respiración, nuestros pensamientos y nuestra conciencia. No necesitamos agregar ningún elemento externo para que se lleve a cabo esta reunión.
De hecho, en mis clases de meditación explico que ni siquiera me gusta utilizar música durante la práctica. Si condicionamos al cerebro para meditar sólo con cierta música, una planta de poder o cualquier otro estímulo, comenzamos a depender de ese elemento para alcanzar el estado meditativo.
Y la meditación es liberación, no esclavitud. Su camino nos muestra que no necesitamos nada más que nosotros mismos y nuestra consciencia integrada con todo nuestro ser. Cuando la mente depende de una condición externa para meditar, esa condición deja de ser de ayuda y comienza a limitar la práctica.
Meditar no es impedir los pensamientos
Mucha gente cree que meditar es dejar de pensar. Cuando cierran los ojos y notan su mente llena de pensamientos, llegan a la conclusión de que no pueden meditar. Sin embargo, la aparición de un pensamiento no representa el fracaso de la práctica.
Meditar es prestar atención a los pensamientos. Cuando empezamos a observarlos, entendemos cómo funciona nuestra mente, cómo surge un pensamiento, cómo se desarrolla y cómo puede producir un sentimiento. También percibimos que, después de algún tiempo, ese pensamiento se va.
El error está en intentar impedir que aparezca el pensamiento o iniciar una lucha contra él. Cuanto más luchamos, más nos relacionamos con lo que ha surgido. La práctica consiste en observar el pensamiento sin seguirlo, sin alimentarlo y sin transformarlo en nuestra identidad.
El ejercicio de la atención a la respiración
El ejercicio de meditación más básico puede ser también uno de los más complejos. Cierra los ojos y presta atención a tu respiración. No intentes controlar el ritmo ni interferir con el movimiento natural del cuerpo. Simplemente observa el aire que entra, los pulmones se llenan y el aire que sale.
Después de un tiempo, aparecerá un pensamiento. Esto es normal. No intentes expulsarlo y no te involucres con la historia que presenta. Observa este pensamiento como si estuvieras un poco alejado y déjalo pasar.
Pronto podrá surgir otro pensamiento. Haz lo mismo. Observa, no te relaciones con él y devuelve la atención a la respiración. Al principio, este movimiento podrá ocurrir muchas veces en pocos instantes, porque la mente aún no ha sido entrenada para mantenerse atenta.
El ejercicio del balancín entrena la mente
A este movimiento lo llamamos ejercicio de balancín. Aparece un pensamiento y volvemos la atención a la respiración. Aparece otro pensamiento y volvemos a prestar atención a la respiración. Repetimos este proceso sin irritación y sin intentar controlar por la fuerza lo que produce la mente.
Este ejercicio funciona como culturismo para el cerebro. Cada regreso fortalece nuestra capacidad de observar sin dejarnos agobiar por el pensamiento. No necesitamos discutir con la mente ni decidir si ese pensamiento es bueno o malo. Sólo necesitamos reconocerlo y volver a prestar atención a la respiración.
Con el tiempo, los pensamientos dejan de aparecer de forma tan continua. Pasa un pensamiento, aparece un pequeño intervalo y luego aparece otro. A veces este intervalo será corto. En otras ocasiones, permanecerá más tiempo.
El silencio existe entre un pensamiento y otro
La meditación está precisamente en ese intervalo entre pensamientos. El silencio no surge de una orden dada a la mente, sino de la capacidad de observar lo que produce sin asociarnos a cada contenido.
Podemos imaginar la conciencia como el Sol y el pensamiento como una nube. El Sol brilla, pero llega una nube que tapa su luz por un rato. No necesitamos impulsar la nube. Sólo queda esperar, porque seguirá su movimiento y el Sol volverá a aparecer.
Asimismo, un pensamiento cubre momentáneamente nuestra percepción de la conciencia. Cuando simplemente lo miramos, pasa. A medida que entrenamos, los intervalos de silencio aumentan y comenzamos a reconocer lo que queda cuando el parloteo de la mente disminuye.
No somos nuestros pensamientos
Una de las primeras enseñanzas de la meditación es la comprensión de que no somos nuestros pensamientos. El pensamiento es un producto de la mente, el cerebro y el ego. Aparece dentro de nosotros, pero no representa la totalidad de nuestro ser.
Cuando observamos la mente, vemos cómo surge y se desarrolla un pensamiento. También entendemos cómo puede generar un sentimiento y cómo este sentimiento produce una frecuencia vibracional que interfiere en nuestra vida. Este proceso ya no es invisible porque empezamos a seguirlo desde el principio.
Cuando nos asociamos inmediatamente con el pensamiento, nos dejamos llevar por él. Cuando lo observamos sin crear una relación, nos damos cuenta de que pasa. La meditación nos permite comprender este funcionamiento y separar la conciencia que observa del contenido que se observa.
En silencio encontramos lo Divino
Lo Divino no se encuentra en el parloteo de una mente que piensa sin cesar. Se revela en el silencio, cuando los procesos de asociación mental se ralentizan y dejamos de perseguir cada pensamiento producido por el cerebro.
Hay una frase budista que dice: “Cuando no eres, es cuando lo eres todo”. Cuando la mente se vuelve silenciosa y las asociaciones pierden fuerza, accedemos a nuestra parte divina. Mientras estamos atrapados en pensamientos, esta parte permanece tranquila, cubierta por el constante movimiento de la mente.
A medida que creamos mayores intervalos de silencio, comenzamos a notar esta partícula divina y a comprender quiénes somos realmente. La meditación no nos aleja de la conciencia. Despierta la conciencia y nos lleva al encuentro de lo que existe más allá de los pensamientos.
Preguntas frecuentes sobre meditación y conciencia
No. La meditación es observar los pensamientos sin luchar contra ellos y sin asociarse con su contenido. Con el entrenamiento, los intervalos entre un pensamiento y otro pueden aumentar.
Debemos reconocer el pensamiento, observarlo como si estuviéramos un poco alejados y dejarlo pasar. Luego, volvemos nuestra atención a la respiración.
No. El ejercicio consiste en prestar atención a la respiración sin interferir en ella. Observamos cómo entra el aire, cómo se llenan los pulmones y cómo sale el aire de forma natural.
No. La meditación es un encuentro con nuestro cuerpo, nuestra respiración, nuestros pensamientos y nuestra conciencia. Cuando condicionamos la práctica a un estímulo externo, podemos crear una dependencia innecesaria.
Porque aparecen, oscurecen momentáneamente la conciencia y luego desaparecen. La conciencia permanece como el Sol, incluso cuando una nube nos impide percibir su luz durante algún tiempo.
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Sobre el autor
El Prof. Tibério Z tiene más de 30 años de experiencia estudiando y enseñando espiritualidad, metafísica, terapias holísticas y desarrollo de la conciencia.