Arquetipos
¿Cómo surgió el concepto de arquetipo antes de Carl Jung?
Descubre el origen de la palabra arquetipo y el camino que recorrió a través de Platón, las tradiciones religiosas, Kant y los estudios culturales antes de llegar a la psicología de Jung.
Por Prof. Tibério Z
El concepto de arquetipo no comenzó con Carl Jung. La palabra ya llevaba la idea de un primer modelo, anterior a las formas que vemos en el mundo. A lo largo de los siglos, esta idea pasó por la filosofía, la religión, la teoría del conocimiento y el estudio de las culturas hasta recibir un nuevo lugar dentro de la psicología.
En este artículo recorrerás este camino desde el significado griego de la palabra y las Formas de Platón hasta los prototipos religiosos, las estructuras a priori de Kant y las ideas recurrentes estudiadas en el siglo XIX. Luego entenderemos qué conservó Jung de esta historia y qué cambio realizó al hablar de arquetipos en la psique.
Continúa leyendo para darte cuenta de que este origen no forma una línea recta en la que todos los autores dijeran lo mismo. Cada paso cambió la pregunta, el lugar del modelo y su función. Comprender estas diferencias nos ayuda a utilizar la palabra arquetipo en profundidad, sin convertirla en un simple nombre de personajes o perfiles.
Jung no inventó la palabra arquetipo
La palabra arquetipo llegó a las lenguas modernas a través del latín archetypum, procedente del griego archetypon. Reúne la idea de comienzo, origen o principio con la de forma, marca, tipo o modelo. En lenguaje sencillo, apuntaba a un primer modelo del que otras cosas podrían considerarse imágenes o copias.
Cuando pensamos en un molde utilizado para producir diversas piezas, vemos parte de este significado antiguo. Las piezas pueden recibir diferentes colores, materiales y acabados, pero existe una forma previa que orienta su producción. Esta comparación no explica el arquetipo de Jung en su totalidad. Muestra la pregunta contenida en la palabra: ¿cómo puede algo primordial aparecer en muchas formas concretas?
Durante mucho tiempo, arquetipo pudo significar prototipo, patrón original o ejemplo del que otros derivaban. Este uso no se refería a doce personalidades o personajes utilizados por las marcas. Tampoco describía automáticamente imágenes del inconsciente. Estos sentidos aparecieron mucho más tarde.
Jung conocía esta historia. Al explicar su concepto recordó que la palabra ya era antigua y estaba relacionada con el uso platónico de Idea. Su aportación no fue inventar sílabas ni descubrir que el ser humano busca modelos. Consistió en transformar el lugar y la función de este modelo.
El arquetipo ya no es sólo un original antepuesto a las cosas visibles. En Psicología Analítica comenzó a indicar una forma inconsciente que participa en la forma en que vivimos las experiencias humanas. Para comprender la magnitud de este cambio, debemos volver a la pregunta formulada por Platón.
La pregunta de Platón sobre el modelo y las cosas
Vemos muchas cosas diferentes y, sin embargo, reconocemos cierta unidad entre ellas. Hay camas de madera, metal, piedra, tela y otros materiales. No son del mismo tamaño ni del mismo aspecto, pero aun así las llamamos a todas camas. ¿Qué hace posible reconocer una forma común en objetos tan variados?
Platón llevó cuestiones de este tipo al centro de su filosofía. Distinguió el mundo sensible, que percibimos a través de los sentidos y que siempre está cambiando, de las Formas o Ideas, que serían inteligibles, estables y no dependerían de variaciones en los objetos concretos.
Una cosa bella puede envejecer, romperse o dejar de considerarse bella. La Forma de la Belleza no sufriría estos cambios. Los objetos pueden ser casi iguales, pero la Igualdad misma ofrece la medida mediante la cual percibimos la proximidad y la diferencia. Las cosas sensibles participarían de las Formas sin agotarlas.
En el diálogo Timeo, el mundo ordenado también se relaciona con modelos o paradigmas. Lo que nace y cambia se entiende en relación a un orden inteligible. La noción de modelo, por tanto, no era sólo una comparación con los objetos manufacturados. Era parte de una explicación sobre la realidad, el conocimiento y el orden.
Esta forma de pensar creó una base importante para la historia del arquetipo. Un modelo anterior podría explicar por qué muchas manifestaciones diferentes mantenían una relación común. La multiplicidad del mundo no tendría por qué ser un conjunto sin unidad.
Sin embargo, sería un error decir que Platón ya había descubierto el inconsciente colectivo. Las formas platónicas y los arquetipos de Jung no ocupan el mismo lugar. La relación existe, pero sólo se puede entender cuando también vemos la diferencia.
Por qué las Formas de Platón aún no son los arquetipos de Jung
Platón investigó qué hace que las cosas sean cognoscibles y qué realidad pertenece a las Formas. Su pregunta era filosófica. El modelo tenía una existencia y una importancia que no dependían únicamente de la mente individual.
Jung partió de otro campo. Era médico y buscaba comprender imágenes, fantasías, sueños, emociones y comportamientos que aparecían en la vida psíquica. En lugar de preguntar dónde existe la Forma de la Belleza o la Igualdad, investigó por qué ciertas organizaciones simbólicas reaparecieron en la experiencia humana.
El propio Jung reconoció esta separación. Al comentar sobre Platón, explicó que no quería simplemente colocar un modelo metafísico en un lugar por encima del mundo y llamarlo arquetipo. Quería investigar qué se podía observar a través de las manifestaciones de la psique.
La continuidad reside en la idea de una forma anterior a manifestaciones particulares. La ruptura está en el lugar de esta forma y en la manera de estudiarla. En Platón, la discusión pertenece a la realidad y al conocimiento inteligibles. En Jung, el arquetipo se convierte en una disposición inconsciente que percibimos a través de sus efectos.
Es similar a dos mapas que usan algunos símbolos similares pero representan territorios diferentes. Si colocamos uno sobre el otro sin cuidado, perderemos las particularidades de ambos. La influencia filosófica existe, pero no transforma una teoría en otra.
Esta distinción protege la historia de la simplificación común. No necesitamos afirmar que todos los pensadores antiguos eran psicólogos antes de la psicología. Podemos reconocer que una pregunta sobre modelos ha atravesado épocas y recibido diferentes respuestas.
El arquetipo como prototipo en la antigüedad religiosa
La idea de un modelo primordial también apareció en textos religiosos y filosóficos antiguos. Jung citó a autores como Filón de Alejandría, Ireneo y el Corpus Hermeticum para demostrar que la palabra y sus significados cercanos circularon mucho antes de la psicología moderna.
En estos usos, el arquetipo estaba vinculado al prototipo según el cual algo se formaba. El modelo podría situarse en la mente divina, en el orden de la creación o en una realidad anterior a las cosas manifiestas. La cuestión ya no era sólo cómo reconocemos muchas cosas similares, sino cómo el mundo creado expresa un orden anterior.
Jung ofrece un ejemplo sencillo tomado del Corpus Hermeticum: la expresión “luz arquetípica”. Indica una primera luz, entendida como prototipo de las luces que puedan aparecer. No se trata de una lámpara original guardada en algún lugar, sino de un principio anterior a las manifestaciones concretas de la luz.
Filón relacionó los modelos y la creación dentro de una lectura que unió la filosofía griega y la tradición judía. Ireneo utilizó el lenguaje de los arquetipos al hablar del origen de las cosas y de los modelos según los cuales se formaron. Cada autor tenía sus propias preocupaciones y no deberíamos combinarlas todas en una sola doctrina.
El punto común es la anterioridad del modelo. Antes de lo concreto, habría una forma, una razón o un prototipo. Esta idea permitió explicar por qué la creación tenía orden y por qué lo visible podía entenderse como expresión de algo que lo superaba.
Estamos todavía lejos del arquetipo como disposición de la psique. Sin embargo, la palabra ha conservado dos partes esenciales de su historia: hay un patrón previo, y las formas concretas no lo agotan. Estas partes se transformarían cuando la investigación se centrara en la forma en que los seres humanos conocen e imaginan.
Cómo la idea de un modelo atravesó el pensamiento cristiano
El encuentro entre platonismo y cristianismo permitió que la idea de modelos anteriores siguiera presente. En lugar de un mundo independiente de Formas, los pensadores cristianos comenzaron a hablar de razones o ideas presentes en el conocimiento divino.
Agustín tuvo gran importancia en esta transición. Para él, las ideas no eran creaciones ocasionales de la mente humana. Eran razones permanentes ligadas a la sabiduría divina, según las cuales las cosas podían ser creadas y comprendidas.
Podemos utilizar la comparación con un proyecto siempre que no vayamos demasiado lejos. Antes de construir una casa, el arquitecto tiene una organización que orienta paredes, espacios y funciones. La obra material expresa este proyecto, aunque ningún diseño humano equivale a la idea divina comentada por Agustín.
En esta etapa, el arquetipo todavía pertenece principalmente al problema de la creación y del modelo original. La interioridad humana aparece en la relación con la verdad, pero no existe una formulación junguiana de patrones colectivos que organicen sueños, emociones y comportamientos.
Durante siglos, el lenguaje del ejemplar y la copia permaneció vivo en la filosofía, la teología y las artes. Una obra podría juzgarse por su aproximación a un modelo. Un ser creado podría entenderse como una expresión limitada de una razón previa.
Conocer esta continuidad evita la impresión de que la palabra desapareció después de Platón y reapareció en Jung. Cruzó tradiciones, traducciones y debates. Al mismo tiempo, su larga permanencia no significa que haya conservado un significado único.
Un cambio importante se produciría cuando la cuestión dejara de centrarse únicamente en el modelo de las cosas y pasara a investigar las condiciones humanas que hacen posible la experiencia. Es en este punto que Kant se hace necesario para comprender el camino.
Kant orientó la pregunta hacia las formas del conocer
Immanuel Kant no creó una teoría de los arquetipos. Su importancia radica en mostrar que la mente no funciona como una hoja en blanco que sólo recibe información ya preparada del mundo. La experiencia también depende de formas y categorías que participan en la manera en que conocemos.
Todo lo que aprendemos comienza con la experiencia, pero eso no significa que toda organización del conocimiento provenga de ella. Para Kant, el espacio y el tiempo participan en la forma en que pueden aparecer los fenómenos. Categorías como causa y sustancia ayudan a que la comprensión reúna lo que percibimos.
Una posible comparación es la de las gafas. No crean el paisaje por sí solas, sino que participan en la forma en que se puede ver. La comparación tiene límites, porque las estructuras descritas por Kant no son objetos que colocamos y retiramos. Aun así, ayuda a comprender que conocer no es copiar pasivamente un mundo ya hecho.
Jung reconoció la importancia de este cambio. Si toda experiencia ya encuentra estructuras de conocimiento, podemos preguntarnos qué formas previas participan en la percepción, el pensamiento y la imaginación. El modelo no necesita quedarse fuera del ser humano, en un mundo metafísico o en el pensamiento divino.
Esto no transforma las categorías kantianas en arquetipos. Kant investigó las condiciones generales del conocimiento válido. Jung investigaría las disposiciones inconscientes que se manifiestan en imágenes, emociones y acciones. Las preguntas siguen siendo diferentes.
La contribución de Kant fue abrir un camino crítico. En lugar de afirmar directamente que conocemos modelos que existen más allá de la experiencia, demostró que nuestra propia capacidad de conocer tiene una organización. A partir de entonces se hizo más fácil investigar cómo la mente participa en la forma que adopta el mundo vivido.
Las ideas recurrentes entraron en el estudio de las culturas
En el siglo XIX y principios del XX, el creciente contacto entre culturas llevó a los investigadores a comparar lenguas, costumbres, religiones y mitos. Cuando seguimos estas comparaciones encontramos enormes diferencias, pero también temas y formas que parecen reaparecer.
Adolf Bastian habló de ideas elementales. Intentó comprender cómo podían aparecer formas generales detrás de las muchas ideas particulares de los pueblos. Las manifestaciones locales tuvieron en cuenta la historia y las condiciones de cada cultura, mientras que algunos temas parecían tener un alcance más amplio.
Henri Hubert y Marcel Mauss trabajaron con categorías de imaginación en estudios vinculados a la religión y la sociedad. Hermann Usener investigó formas de pensamiento que ayudaban a organizar las imágenes religiosas. Jung citó a estos autores para explicar el entorno intelectual en el que tomó forma su concepto.
Ninguno de ellos formuló por sí solo el inconsciente colectivo de Jung. Su importancia radica en acercar la cuestión a los seres humanos reales, a sus culturas y a su imaginación. El problema del modelo empezó a observarse en mitos, rituales, nombres, imágenes y organizaciones colectivas.
Este movimiento también trajo una dificultad que aún debemos considerar. Temas similares podrían haber viajado a través del comercio, la guerra, la migración, la religión y el idioma. Una historia presente en diferentes pueblos no prueba que haya nacido de una estructura psíquica común. Es posible que se haya transmitido y transformado a lo largo del camino.
Jung conocía esta explicación y no la negó en todos los casos. Su afirmación fue más específica: algunas formas también parecían surgir espontáneamente, incluso cuando no había evidencia de contacto con la tradición correspondiente.
Es en esta transición donde el origen del concepto se acerca a la psicología. La pregunta ya no es simplemente “¿de dónde se copió esta historia?” y pasa a incluir “¿qué disposición humana nos permite formar imágenes similares frente a experiencias similares?”
El cambio decisivo realizado por Jung
Jung comenzó utilizando expresiones como imagen primordial. En 1919, en el ensayo Instinto e Inconsciente, introdujo el término arquetipo en su sentido psicológico. La teoría seguiría cambiando y ganando precisión en las décadas siguientes.
Conservó parte de la idea antigua: hay una forma anterior a las manifestaciones particulares. Pero cambió el lugar de esa forma. El arquetipo pertenece ahora a la estructura inconsciente de la psique, no a una galería de modelos visibles almacenados fuera del ser humano.
Jung también cambió la forma de encontrar el patrón. En lugar de partir únicamente de argumentos filosóficos, comparó sueños, fantasías, mitos, religiones, imágenes artísticas y materiales de su práctica. Buscó movimientos que aparecían en diferentes lugares y que no podían explicarse únicamente por la historia personal.
Imaginemos a un investigador que encuentra imágenes de travesía, muerte simbólica y renacimiento en informes de personas que nunca han estudiado el mismo mito. En primer lugar, comprueba si hubo contacto a través de libros, tradición, religión o lengua. Estas posibilidades no pueden ignorarse.
Cuando surgen algunas imágenes sin esta transmisión conocida, la pregunta cambia. Quizás la psique humana tenga disposiciones para organizar ciertas experiencias de manera similar. La separación, la maduración, la pérdida y la transformación podrían generar formas que no sean copias exactas, sino que compartan una estructura.
Jung afirmó que su contribución fue mostrar que los arquetipos no circulan sólo a través de la tradición, el lenguaje y la migración. También pueden reaparecer espontáneamente. Esto le dio al concepto su diferencia psicológica más importante.
El contenido concreto no viene ya formado. Una persona no hereda un mito completo. El patrón se encuentra con la cultura, la memoria y la experiencia, y luego produce una imagen particular. De esta manera, Jung conservó la relación entre modelo y manifestación, pero transformó ambos en partes de una investigación de la psique.
El origen del concepto no es una línea recta
Es tentador contar esta historia como si Platón le pasara una idea a Agustín, quien se la pasó a Kant, quien finalmente se la pasó a Jung. Este camino sería fácil de recordar, pero borraría los cambios más importantes.
Platón se ocupó de las Formas y su relación con las cosas sensibles. Los autores religiosos utilizaron modelos y prototipos para pensar sobre la creación y el orden divino. Kant investigó las estructuras que hacen posible el conocimiento. Los investigadores culturales han observado ideas e imágenes recurrentes. Jung llevó el problema a las disposiciones inconscientes de la psique.
Cada etapa retuvo algunas preguntas sobre anterioridad, forma y manifestación. Sin embargo, el modelo cambió de ubicación. Se situó en una realidad inteligible, en el pensamiento divino, en las condiciones del conocimiento, en las formas culturales y en la estructura psíquica.
El modo de investigación también ha cambiado. Un filósofo podría construir un argumento sobre la realidad y el conocimiento. Un teólogo relacionaba modelo y creación. Un antropólogo comparó culturas. Jung reunió la comparación histórica, la observación de imágenes y la experiencia clínica.
Estas diferencias no disminuyen la influencia recibida. Por el contrario, muestran el tamaño de la transformación. Jung no necesitó inventar desde cero la idea de una forma anterior. Necesitaba sacar esta forma de un uso puramente metafísico y darle una función dentro de su psicología.
Tampoco deberíamos tratar la antigüedad de una palabra como prueba de que su uso moderno es correcto. Una larga historia demuestra que el problema movilizó a mucha gente. La validez de cada formulación depende de los argumentos, observaciones y límites del campo en el que fue construida.
Por tanto, el origen del concepto debe verse como una conversación entre épocas, no como una cadena sin rupturas. Los autores se responden entre sí, reutilizan palabras y cambian preguntas. Es precisamente en este cambio donde podemos ver lo que añadió Jung.
Qué enseña esta historia sobre los arquetipos
Conocer el origen del concepto demuestra por qué no podemos reducir el arquetipo a una lista rápida de personajes. La palabra nació ligada a modelo, forma y principio. Entró en la psicología para explicar disposiciones profundas, no para ofrecer etiquetas de personalidad.
Cuando llamamos a alguien Sabio sólo porque le gusta estudiar, usamos la palabra a la ligera. La cuestión arquetípica sería comprender cómo la búsqueda de la verdad organiza imágenes, emociones, elecciones y relaciones, incluyendo la posibilidad de discernimiento y también el riesgo del orgullo.
La historia también nos enseña a respetar las diferencias. La forma platónica no es una categoría kantiana. La categoría kantiana no es una idea elemental. Una idea elemental no es un arquetipo junguiano. Reunir conceptos puede iluminar un camino, pero mezclarlos produce una explicación que parece profunda y no explica nada.
Jung heredó la pregunta por los modelos anteriores a las manifestaciones. Su respuesta fue colocar estas formas en el inconsciente colectivo y observarlas a través de las imágenes que llegan a la conciencia. Este cambio creó el concepto que hoy estudiamos en Psicología Analítica.
El resumen completo de arquetipos comienza con esta precisión. Antes de buscar qué personaje aparece en nuestras vidas, necesitamos saber qué conlleva la palabra, a qué problema intenta dar respuesta y dónde termina el aporte de cada autor.
Comprender el origen no es útil para memorizar una secuencia de nombres. Sirve para darnos cuenta de que las ideas profundas maduran cuando cambiamos la cuestión sin borrar la historia anterior. El arquetipo llegó a la psicología porque una antigua búsqueda del modelo se encontró con una nueva búsqueda de las formas de la psique.
Preguntas frecuentes
No. La palabra es mucho anterior a Jung y tenía el significado de modelo original o primera forma. Jung le dio su propio uso psicológico relacionándolo con las disposiciones inconscientes y colectivas de la psique.
No. Platón investigó las Formas inteligibles y su relación con las cosas sensibles. Jung reconoció esta influencia, pero llevó la idea de una forma anterior a una investigación psicológica, con otra pregunta y otro método.
Kant demostró que la mente participa en la organización de la experiencia a través de formas y categorías previas a una experiencia particular. No formuló arquetipos, pero ayudó a trasladar la cuestión a las estructuras del conocimiento.
Jung introdujo el término en su uso psicológico en 1919, en el ensayo Instinto e inconsciente. Su formulación continuó desarrollándose y obtuvo distinciones más precisas en trabajos posteriores.
No. En distintas épocas, la palabra estuvo vinculada a modelo, prototipo, forma o principio de creación. El sentido psicológico del patrón inconsciente colectivo pertenece al desarrollo llevado a cabo por Jung.
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Sobre el autor
El Prof. Tibério Z tiene más de 30 años de experiencia estudiando y enseñando espiritualidad, metafísica, terapias holísticas y desarrollo de la conciencia.