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Clase 2 - ¿Qué es la expansión de la conciencia?
Comprende qué es la expansión de la conciencia y cómo el conocimiento, las experiencias, los errores y la apertura a la vida maduran el ego y reducen el miedo.
Por Prof. Tibério Z
Video original en portugués. El artículo está disponible en español.
Ampliar la conciencia significa transformar las experiencias en conocimiento y ampliar nuestra capacidad para comprender la vida. Cada vez que aprendemos algo que no sabíamos antes, nuestra conciencia ya no se limita a la comprensión previa. Esta expansión reduce la ignorancia que alimenta muchos miedos y sufrimientos.
En este artículo entenderemos por qué la conciencia se desarrolla a través de la experiencia, cuál es el papel del ego en este viaje y cómo la zona de confort impide parte de este aprendizaje. También veremos por qué no hay conocimientos inferiores, cómo el miedo a equivocarnos nos paraliza y cómo cada vida participa en la maduración de la conciencia.
Continúa leyendo para comprender qué es la expansión de la conciencia y por qué este proceso ocurre en las experiencias cotidianas más simples. Cuando volvemos a mirar la vida con curiosidad, cada situación puede convertirse en una oportunidad para aprender.
¿Qué significa expandir la conciencia?
El aprendizaje presente en experiencias simples
Podemos entender la expansión de la conciencia con un ejemplo sencillo. Una persona decide hacer un pastel de chocolate aunque nunca antes lo había hecho. Encuentra una receta, mezcla los ingredientes y pone el pastel en el horno, pero el resultado sale crudo, seco o quemado.
Si llega a la conclusión de que no sabe cocinar y no vuelve a intentarlo, su experiencia termina con ese primer resultado. Si continúa, el segundo pastel puede salir un poco mejor, el tercero volverá a mejorar y cada intento mostrará algo que aún no se había entendido. Después de muchos errores y aciertos, hacer el pastel ya no es un problema porque ese conocimiento ha pasado a formar parte de ella.
Antes la persona no sabía hacer el pastel. Después de vivir el proceso, aprendió. Hubo una pequeña expansión de la conciencia porque surgió una capacidad que antes no existía.
Este principio se manifiesta en todos los ámbitos de la vida. Aprendemos a caminar, hablar, trabajar, cuidar a alguien y resolver problemas porque acumulamos experiencias. Cada conocimiento integrado expande un aspecto de la conciencia.
Ignorancia, miedo y sufrimiento
En la tradición budista la ignorancia aparece como el origen del sufrimiento. Cuando no entendemos una situación, imaginamos peligros, creamos interpretaciones y reaccionamos por miedo. El conocimiento no elimina todas las dificultades, pero cambia la forma en que las atravesamos.
Una persona no es completamente ignorante porque no conoce un tema determinado. Quizás no sepa hornear un pastel y tenga amplia experiencia en otras áreas. No es necesario utilizar la ignorancia como etiqueta para definir a alguien, ya que sólo indica un punto que aún no se ha entendido.
Todos tenemos áreas desarrolladas y otras en las que nuestra experiencia aún es limitada. Sufrimos menos en lo que sabemos porque podemos interpretar mejor lo que sucede. Cuando falta conocimiento, el miedo encuentra espacio para crecer.
Ampliar la conciencia significa reducir estas áreas de ignorancia. No sucede de golpe ni convierte a alguien en un experto en todo. El proceso avanza cada vez que una experiencia produce comprensión y esta comprensión pasa a formar parte de la persona.
El viaje de la conciencia a través de las experiencias
La chispa divina y la conciencia del ego
Hay dos niveles de conciencia en nosotros. La conciencia divina ya es parte del Creador y, por lo tanto, no necesita ser expandida. Es la presencia espiritual que lleva en sí la totalidad de su origen.
Rodeando esta presencia está la conciencia del ego, responsable de la individualización. Es el ego el que permite que la chispa divina tenga una identidad, una personalidad y una historia propia. Acompaña a la conciencia durante su viaje, pero comienza sin conocimiento de la realidad.
Podemos imaginar este ego inicial como una pequeña esfera sin brillo. A medida que vive, aprende y acumula experiencias, nuevas frecuencias vibratorias se integran en esta esfera. Cuanto mayor es el conocimiento, más amplia se vuelve su capacidad para comprender la existencia.
En la clase sobre frecuencia vibracional, vimos que los pensamientos, sentimientos y experiencias dejan registros en la conciencia. La expansión ocurre cuando estos registros dejan de ser solo eventos y se convierten en conocimiento. El ego empieza a madurar porque ya no responde a la vida con la misma ignorancia que al principio.
La reencarnación como camino de aprendizaje
La reencarnación ofrece a la conciencia diferentes cuerpos, entornos y formas de percibir la realidad. A lo largo de innumerables existencias, vive experiencias en otros seres, planetas y dimensiones. Para la conciencia, cada cuerpo funciona como un instrumento temporal de aprendizaje.
El objetivo de este viaje es adquirir conocimientos sobre todo lo que existe. Cuantas más perspectivas experimenta la conciencia, mayor se vuelve su comprensión del Creador. Esto sucede porque todo lo que existe es una manifestación de Dios mismo.
Conocer un árbol, una persona, un animal o un planeta significa comprender otro aspecto de la creación. Cada experiencia permite reconocer al Creador desde un nuevo punto de vista. La conciencia individual funciona como uno de sus instrumentos de percepción.
Nuestra existencia no está separada de este origen. Somos como tentáculos del Creador viviendo experiencias particulares y transmitiendo lo que aprendemos. Cada persona, animal y elemento de la naturaleza ofrece una manera diferente para que la creación se perciba a sí misma.
La maduración del ego
El ego infantil intenta controlar la vida porque aún no comprende su lugar dentro de ella. Se aferra, se resiste al cambio y cree saber lo que debería pasar. Cuanta menos experiencia tiene, más interfiere en el camino que intenta construir.
El conocimiento cambia esta relación. A medida que madura, el ego deja de luchar contra todos los acontecimientos y se convierte en un instrumento más consciente de la presencia divina. No desaparece, pues sigue siendo necesario para la individualización, pero deja de dominar toda la existencia.
Lo que llamamos iluminación espiritual ocurre cuando la conciencia del ego alcanza un nivel de comprensión que permite que lo divino se manifieste con menos interferencia. La persona reconoce que todo es parte de Dios y ya no necesita anteponer sus deseos a toda realidad. Su propósito comienza a aparecer con mayor claridad porque el ego deja de impedir su manifestación.
No necesitamos inventar este propósito sólo con nuestra mente. El Creador sabe la razón por la cual cada conciencia fue emanada. Cuanto más aprendemos y maduramos, más preparados estamos para expresar lo que vinimos a lograr.
Cómo el conocimiento reduce el miedo
El miedo nace de lo que no entendemos
La ignorancia engendra miedo y el miedo engendra cárceles. Cuando no entendemos una experiencia, nuestra imaginación llena de peligros las partes desconocidas. Empezamos a evitar situaciones que podrían aumentar nuestra conciencia porque no sabemos qué nos encontraremos.
La proyección astral muestra claramente este proceso. Muchas personas experimentan síntomas proyectivos durante años e interpretan la catalepsia como un ataque o una presencia maligna. Despertar sin poder mover el cuerpo se convierte en una experiencia traumática cuando la persona desconoce el mecanismo involucrado.
El estudio y la práctica modifican esta percepción. A medida que la persona comprende la catalepsia y aprende sobre el proceso de proyección astral, el miedo disminuye. La experiencia sigue existiendo, pero ya no se interpreta desde el desconocimiento.
Esto sucede en todas las materias. Saber no significa sólo memorizar una explicación, sino desarrollar la capacidad de reconocer lo que está sucediendo. Cuando sabemos cómo afrontar una situación, ésta pierde parte del poder que tenía sobre nosotros.
El conocimiento se convierte en poder personal
El ejemplo del barón de Mauá ayuda a comprender esta diferencia. Incluso después de perder su fortuna, sabía que podía reconstruirla porque conocía el proceso utilizado para ganar dinero. El patrimonio podía desaparecer, pero los conocimientos adquiridos permanecían en él.
Cuando sabemos cómo lograr algo, dejamos de depender por completo de las condiciones externas. Podemos perder un resultado y aún conservar la capacidad que lo produjo. Este conocimiento se convierte en poder personal.
El poder personal no proviene de intentar controlar a otras personas. Surge de la seguridad construida por lo que aprendemos y experimentamos. Cualquiera que haya desarrollado una habilidad sabe que puede empezar de nuevo, corregir y encontrar otro camino.
Por tanto, el conocimiento reduce el miedo. Una persona puede seguir enfrentando dificultades, pero ya no se siente completamente impotente ante ellas. Tiene recursos internos que no pueden eliminarse tan fácilmente como un objeto, un cargo o una situación externa.
Miedo a la muerte y falta de conocimiento
El miedo a la muerte también se alimenta de aquello que no intentamos comprender. Desde el nacimiento vivimos con la certeza de que la vida física terminará. Aun así, muchas personas pasan toda su vida evitando estudiar lo que saben que algún día enfrentarán.
Cuando la muerte no es examinada, queda rodeada de imágenes aterradoras. Estudiar relatos de experiencias cercanas a la muerte, proyecciones astrales y otras formas de conciencia permite desarrollar una comprensión más amplia. Se deja de mirar sólo la interrupción del cuerpo y se comienza a investigar la continuidad de la conciencia.
Este conocimiento no elimina la añoranza por quienes se fueron. La añoranza es parte de la relación y del vínculo que existía. Lo que disminuye es el miedo que produce la idea de que todo acaba cuando el cuerpo deja de funcionar.
Cuanto más entendemos la muerte, menos controla nuestras elecciones. La vida ya no se organiza simplemente intentando evitar lo inevitable. Empezamos a valorar la experiencia presente y a aprovechar mejor el tiempo disponible.
La experiencia transforma la teoría en conocimiento
La zona de confort limita el aprendizaje
Durante la infancia y la juventud, tendemos a permanecer más abiertos a las experiencias. Aprendemos, conocemos gente y entramos en contacto con diferentes ideas porque todavía estamos construyendo nuestra comprensión del mundo. A partir de cierta edad, muchas personas cierran esta construcción.
La persona completa su formación, encuentra un trabajo y repite durante décadas lo que aprendió en unos pocos años. Sus conceptos, creencias y paradigmas se guardan en una caja que rara vez se vuelve a abrir. La vida sigue ofreciéndole experiencias, pero ella sólo participa de lo que confirma el mundo que ya conoce.
Es imposible pasar por una existencia sin expandir la conciencia. Incluso alguien cerrado aprende algo porque la vida produce experiencias todo el tiempo. La cuestión es que esta expansión podría ser mucho mayor si la persona no se quedara estancada en la zona de confort.
Vivir es participar de un gran laboratorio de conciencia. Descubrir un lugar, hablar con alguien diferente, probar otra comida o aprender una habilidad amplía algún aspecto de la percepción. No necesitamos esperar una experiencia espiritual extraordinaria para expandir la conciencia.
No hay conocimiento inferior
Podemos expandir la conciencia aprendiendo mecánica cuántica u horneando un pastel. Podemos estudiar filosofía, cuidar un jardín, aprender a limpiar una casa o descubrir un estilo de música que nunca habíamos escuchado. Para la conciencia, todas estas experiencias añaden algo que antes no existía.
El ego crea categorías porque necesita organizar el mundo. El problema comienza cuando transforma esta organización en una jerarquía de valor. Un médico es considerado superior a un recolector de basura, un libro técnico parece más importante que un cómic y la música clásica es tratada como más legítima que la música popular.
Estas clasificaciones dicen más sobre el ego que sobre el conocimiento. Una persona puede hablar según la norma culta y tener poca sabiduría para afrontar la vida. Otra puede utilizar un lenguaje sencillo y tener una comprensión profunda obtenida de sus experiencias.
Todo es parte de la manifestación del Creador. Dios se manifiesta en la música clásica y el funk, en los libros técnicos y en los cómics, en la persona que estudió durante décadas y en la persona que aprendió en el trabajo. Cuando etiquetamos una experiencia como indigna, cerramos una puerta a través de la cual nuestra conciencia también podría aprender.
Esto no obliga a nadie a que le guste todo. Podemos tener diferentes preferencias, afinidades e intereses. Lo que limita la conciencia es rechazar una experiencia antes de conocerla y transformar nuestro gusto personal en una medida universal de valor.
Vivir es diferente a simplemente acumular información
El conocimiento teórico ofrece dirección pero no sustituye a la experiencia. Una persona puede leer cientos de libros sobre meditación y aun así no saber cómo meditar. Puede conocer miles de recetas y aún no saber cocinar.
Las palabras presentan una posibilidad. El conocimiento comienza a ser parte de la conciencia cuando es vivido, probado y comprendido a través de la experiencia. Sólo entonces deja de ser información externa y pasa a guiar las acciones de forma natural.
No aprendemos a ser padres simplemente leyendo sobre los hijos. El conocimiento sobre la paternidad y la maternidad surge cuando existe una relación real, con responsabilidades, miedos, alegrías y situaciones que ningún libro puede reproducir por completo. La experiencia transforma una idea en algo integrado.
No todo el aprendizaje ocurre de manera placentera. En este planeta, el dolor todavía enseña a muchas personas porque obliga al ego a mirar lo que ha estado evitando. Los momentos difíciles pueden revelar límites, elecciones y aspectos internos que permanecerían ocultos en una vida sin desafíos.
El error es parte de la expansión de la conciencia
No se aprende sin intentarlo
No podemos aprender algo nuevo sin cometer errores. Quien nunca haya horneado un pastel difícilmente podrá preparar un pastel perfecto en el primer intento. Habrá que probar, observar el resultado, corregir y volver a intentarlo.
Nuestra sociedad, sin embargo, trata el error como una señal de fracaso. El niño es castigado en casa, el estudiante es avergonzado en la escuela y el adulto teme las consecuencias de un error en el trabajo. Con el tiempo, una persona aprende que es más seguro no intentarlo que correr el riesgo de fracasar delante de los demás.
Este miedo detiene la expansión de la conciencia. La persona evita experiencias, esconde dudas y sigue repitiendo lo que ya sabe hacer. Su objetivo deja de ser aprender y pasa a ser proteger la imagen que quiere presentar.
Admitir que vamos a cometer errores devuelve el movimiento a la vida. Cometeremos errores en proyectos, relaciones, elecciones y puntos de vista. Lo importante es reconocer lo sucedido, reparar lo posible e integrar los conocimientos que ofrece la experiencia.
Cambiar de opinión también es una forma de madurar
Podemos defender un punto de vista durante muchos años y luego darnos cuenta de que ya no tiene sentido. El cambio no borra lo que experimentamos anteriormente. El cambio muestra que nuevas experiencias han producido una comprensión diferente.
Cuando alguien exige que sigamos pensando de la misma manera para no parecer incoherentes, convierte el pasado en una prisión. Si una conciencia no pudiera revisar sus ideas, no sería posible ninguna maduración. Permaneceríamos con la misma comprensión que teníamos al comienzo de la vida.
Las personas cambian porque viven, se equivocan y aprenden. El problema es que la sociedad suele encasillar a alguien en un error del pasado y tratarlo como una definición permanente de su carácter. Incluso después de décadas, se sigue esperando que la persona sea exactamente igual a la imagen construida en el pasado.
Este juicio también produce miedo a experimentar. Una persona piensa en lo que dirán los demás antes de actuar, bailar, crear o presentar una idea. Cada experiencia abandonada por miedo a las críticas es una oportunidad de aprendizaje que no se vivió.
La crítica no puede dirigir la vida
Mientras nos centremos en proteger nuestra imagen, mediremos cada elección por las reacciones de los demás. La conciencia se retira porque la aprobación externa se vuelve más importante que la experiencia. Vivimos dentro de un caparazón construido por el miedo al juicio.
Dejar de organizar nuestra vida en función de las opiniones de los demás no significa ignorar las consecuencias de nuestros actos. Si hemos dañado a alguien, debemos reconocerlo, disculparnos y reparar lo que sea posible. Después de eso, el error debería convertirse en aprendizaje, no en una condena eterna.
Estamos aquí para experimentar, revisar puntos de vista y salir de esta vida con una conciencia más amplia que con la que entramos. No hay tiempo para vivir sólo intentando evitar que alguien nos critique. La experiencia debe ocupar un lugar más importante que la necesidad de parecer perfecto.
La maduración del ego ocurre ahora
La conciencia se expande por aspectos
La expansión de la conciencia no ocurre de manera uniforme. Podemos tener grandes conocimientos profesionales y seguir actuando de forma infantil en las relaciones. También podemos entender el desapego y aún tener miedo en otras áreas.
Cada experiencia amplía un aspecto de la conciencia del ego. Aprendemos sobre la muerte, el apego, el trabajo, el afecto, la responsabilidad y la convivencia a diferentes ritmos. La suma de estas pequeñas expansiones produce la maduración.
El apego muestra cómo este proceso puede abarcar varias vidas. Desde que nacemos vemos que nada queda y que ningún objeto físico acompaña a la conciencia después de la muerte. Sin embargo, seguimos sufriendo como si pudiéramos detener todas las pérdidas.
Es posible que la persona necesite repetir este ciclo durante muchas vidas. Se apega, pierde, sufre y vuelve a vivir el mismo proceso hasta comprender que nada le pertenece de forma permanente. Cuando este conocimiento se integra, el desapego aparece de forma más natural en una existencia futura.
El conocimiento experimentado se convierte en intuición. La persona puede no recordar todas las experiencias que le produjeron una determinada comprensión, pero porta una percepción interior que guía sus elecciones. Es el resultado de algo que dejó de ser teoría y pasó a formar parte de la conciencia.
Una vida dentro del tiempo de la conciencia
Normalmente medimos la existencia sólo por el tiempo humano. Una vida parece larga porque es la referencia que tenemos mientras estamos encarnados. Sin embargo, dentro de un viaje compuesto por millones de experiencias, representa un pequeño momento.
Podemos ver esta diferencia en nuestras propias vidas. Una relación que terminó a los 15 años puede parecer una tragedia en ese momento. A los 48 años, la misma experiencia ya ocupa un lugar diferente y quizás ya no produzca sufrimiento.
Si unas pocas décadas cambian por completo la importancia de un evento, podemos ampliar esta percepción a miles de vidas. Muchas situaciones que hoy parecen definitivas serán sólo una experiencia dentro de un recorrido mucho más amplio. La conciencia tendrá tiempo para comprender lo que ahora parece imposible.
Esto no hace que el dolor actual sea falso o insignificante. El sufrimiento debe ser experimentado y comprendido mientras existe. La expansión del tiempo sólo nos impide convertir un momento en toda nuestra existencia.
Recuperar la curiosidad por la vida
No es necesario tratar la vida como una carga permanente. Podemos volver a mirarla con la curiosidad de un niño, interesado en descubrir una flor, observar el cielo y experimentar algo que aún no conoce. Esta apertura devuelve el movimiento a la conciencia.
Gran parte del tiempo lo pasamos reviviendo el pasado o imaginando un futuro que aún no existe. Mientras tanto, llega el atardecer, la gente nos rodea y un sinfín de experiencias pasan desapercibidas. Estamos físicamente presentes, pero cerrados dentro del mundo mental.
Expandir la conciencia requiere regresar a la vida. Significa experimentar, estudiar, equivocarse, cambiar de opinión y dejar que el mundo nos enseñe. Cuanto más nos abrimos, más rápido el ego abandona su postura infantil y aprende a participar en la existencia.
No necesitamos esperar a otra encarnación para vivir de manera diferente. La oportunidad de salir de la zona de confort, enfrentar el miedo y crear una nueva experiencia existe ahora. Al final de esta vida, la pregunta no será cuántas veces logramos parecer perfectos, sino si valió la pena vivirla.
Preguntas frecuentes
Ampliar la conciencia significa adquirir conocimientos a través de experiencias y ampliar la capacidad de comprender la vida, a uno mismo y la realidad.
El estudio ofrece una base, pero es necesario experimentar el conocimiento para integrarlo en la conciencia y transformarlo en sabiduría.
El error muestra lo que aún no entendemos y nos permite corregir elecciones, desarrollar habilidades y revisar puntos de vista.
No. La conciencia del ego se desarrolla en aspectos a medida que una persona aprende sobre el miedo, el apego, las relaciones, el trabajo y otras partes de la vida.
El conocimiento reduce la ignorancia que alimenta muchos miedos, ofreciendo más claridad para comprender las experiencias y responder a ellas.
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Sobre el autor
El Prof. Tibério Z tiene más de 30 años de experiencia estudiando y enseñando espiritualidad, metafísica, terapias holísticas y desarrollo de la conciencia.